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Cambiar y crecer: pasos para una vida enriquecedora

Cambiar y crecer: pasos para una vida enriquecedora


Con ayuda de Dios, cada día damos
nuevos pasos de crecimiento personal y espiritual

Base Bíblica: Proverbios 27:1-25

Introducción:

No sabemos nada en torno a qué ocurrirá mañana. Todo aquello de lo que podemos tener certeza, es de lo que vemos, y aún así, resulta poco confiable. ¿Qué hacer entonces? Entregar nuestras acciones, presentes y futuras, en manos de Dios. Él nos asegura ir de triunfo en triunfo.

1.  En Dios el hoy es de victoria y el mañana de éxito

Cuando apreciamos las grandes obras de la antigüedad no podemos menos que sorprendernos ¿La razón? Si aún hoy con todos los avances tecnológicos, ejercer la ingeniería y la arquitectura resulta complejo y demanda amplios márgenes de riesgo.

Cuando meditamos en este hecho nos retrotraemos a un interrogante, ¿qué será de mi vida mañana? El rey Salomón lo dejó planteado en los siguientes términos: “No presumas del día de mañana porque no sabes lo que el día traerá”(27:1).

Los tiempos propicios están en manos de Dios. Él es quien dispone nuestro presente y mañana. Sólo Él nos asegura ir de triunfo en triunfo (versículos 25-27)

Tenga presente que tenemos en nuestras manos el influenciar en los demás, para construir o destruir. Eso es evidente. En ese proceso, debemos aprender a corregir con mesura. Decir las cosas como son, pero cuidándonos de no dañar a los demás con nuestras palabras (versículos 5, 6-9)

Otro elemento que nos enseña la Biblia en el proceso de crecimiento personal y espiritual, es articular una amistad sincera, confiable y que edifique ¿De qué manera? Con lealtad y aportando con sabiduría, al tiempo que recibimos edificación de quienes nos rodean (Cf. versículos 1º, 17, 18).

2. Envidiar a los demás nos impide desarrollar nuestras propias potencialidades

Es imperioso que en el proceso de crecimiento personal y espiritual, evaluemos qué nos resulta edificante y qué perjudicial. Por ejemplo, la envidia, la necedad, y no asumir una actitud responsable con nuestra familia.

La envidia, por ejemplo, consume nuestra vida su le permitimos que tome forma y fuerza en el corazón (versículo 4) Es necesario cortar con ese sentimiento por lo sano, porque querrá llevarnos a anhelar con rabia y frustración lo que tienen otros. Esa situación está íntimamente ligada con la molestia de no poseer aquello que los demás, que no es otra cosa que una manifestación de necedad (versículos 3, 22)

Y un tercer elemento: el manejo que hacemos de nuestra propia valoración. Hay quienes se creen superiores, y miran a los demás por encima del hombro; por el contrario hay quienes no se dejan mover negativamente cuando reciben reconocimiento por lo que hacen o dicen. El centro del asunto está en cómo manejamos el reconocimiento o exaltación que nos prodigan otras personas (versículos 2, 21)

3. Los grandes cambios comienzan con pequeñas modificaciones en nuestra forma de pensar y de actuar

¿Cuántas veces no nos metemos en problemas por ser imprudentes? Sin duda, muchas. Una característica de alguien que es prudente es saber apartarse a tiempo del peligro (versículo 12). Es imprescindible que asociemos prudencia con  medir el alcance de lo que hacemos (versículos 23, 24). También el no inmiscuirnos en lo que no nos corresponde, porque a la postre puede acarrearnos problemas (versículo 20)

En la vida es necesario aprender a valorar la escasez y la abundancia (versículo 7). No vivir al fiado es otro consejo conducente a la victoria, y no salir fiador por terceras personas (versículo 13).

Siguiendo la búsqueda de crecimiento personal y espiritual, está el procurar obrar sabiamente y no con impertinencia (versículos 11, 14) En la medida en que hay equilibrio en nuestra vida, lo reflejamos en nuestro semblante (versículo 19)

© Fernando Alexis Jiménez


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