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¿De qué manera afectan al cristiano los malentendidos?

Como cristianos, ¿qué manejo le damos
a los conflictos?

Título: ¿De qué manera afectan al cristiano los malentendidos?

Base Bíblica: 1 Samuel 18:6-9.

Introducción:

La conversación tomó un giro diferente. Nadie lo esperó. Sin embargo, en poco tiempo el diálogo desencadenó en un cruce de palabras. Y luego Raúl se preguntaba “¿Qué produjo ésta situación?”. Los días siguientes, el malentendido se dimensionó y, además de que no se hablaban, debió enfrentar las indirectas de quien se sentía ofendido. ¿Le ha ocurrido algo así? Sin duda que sí. Todas las personas de una u otra manera hemos experimentado situaciones en las que fuimos mal interpretados. La meta es que, con ayuda de pautas bíblicas, aprendamos qué pasos seguir.


I.- Los malentendidos tocan a la puerta de toda persona

1.- Enfrentar un malentendido se convierte en una carga dura de sobrellevar.
2.-  Suele ocurrir que cuando hemos sido víctimas de un malentendido, de nada valen las explicaciones.
a.- En tanto más nos esforcemos por corregir las situaciones, más se agrava el asunto.
b.- Conforme se enreda la situación, más dolor experimentamos.
3.- Dos pasos del malentendido:
a.- Una palabra o actitud de manera inconsciente que se mal interpreta.
b.- Algo que hacemos que nuestro interlocutor interpreta como una ofensa o provocación.
4.- Aún los cristianos somos propensos a interpretar mal a otros creyentes:
a.- Los grandes siervos de Dios han experimentado las malas interpretaciones.
b.- A través de situaciones como los malentendimos, aprendemos del error y crecemos.

II.- David, un creyente que sufrió un malentendido

1.- David acababa de matar a Goliat (Cf. 1 Samuel 17) y enfrentó un malentendido con el rey Saúl:
a.- El rey era muy inseguro.
b.- Ante el temor de perder el protagonismo despertaba celos, temor y resentimiento en el rey Saúl.
2.- Un incidente en apariencia intrascendente, un malentendido, cambio la vida de David (1 Samuel 18).
a.- El recibimiento del pueblo inicialmente era para el rey Saúl (versículo 6)
b.- La alegría se tornó en amargura cuando resaltaron la hazaña de David (versículo 7)
c.- El cántico despertó los celos del rey Saúl (versículo 8a)
d.- El desagrado del rey Saúl lo proyectó hacia David pensando que sólo faltaba que le dieran el reino (versículo 8 b)
e.- En adelante el rey Saúl experimentó un cambio hacia David (versículo 9)
3.- Sin proponérnoslo puede ocurrir que nos veamos inmersos en un malentendido. David no pretendía ni la gloria ni el reino.

III.- En medio del malentendido, experimentamos ataques y desánimo (Salmo 140)
El rey David escribió el Salmo 140 cuando enfrentaba las consecuencias del malentendido.

1.- Como consecuencia de los ataques, David enfrentó:
a.- Asechanzas (versículo 2)
b.- Provocación, contiendas (versículo 2)
c.- Críticas, calumnias (versículo 3)
d.- Trampas (versículo 5)
2.- David se refugió en el poder de Dios:
a.- Pidió que le liberara de los malvados (versículo 1)
b.- Pidió que le liberara de las asechanzas (versículo 4)
c.- Elevó una oración con perseverancia delante de Dios (versículos 6, 8-11)
d.- Depositó su plena confianza en Dios (versículos 12, 13)
3.- Los malentendidos y sus consecuencias tienen su propia dinámica:
a.- Vulnerabilidad de quien resulta mal interpretado. Nos toma desprevenidos.
b.- La exageración de quien mal interpreta. Dimensiona el asunto y todo lo interpreta a través de un cristal de negativismo. Imagina que le están vulnerando.
c.- Los ataques progresivos: primero leves pero después viscerales de quien mal interpreta. Conforme pasa el tiempo, empeoran las cosas.
4.- No podemos olvidar que Dios es quien pelea nuestras batallas (Éxodo 14:14)
a.- Quien se hace daño con la amargura es quien malinterpreta a su prójimo.
b.- Los malentendidos nos permuten crecer porque nos acercan a Dios y permiten que lo descubramos como Salvador.

Conclusión:

Los malentendidos estarán, sin duda, a nuestra puerta. Un gesto, una palabra, una acción. A esto se suma la predisposición que asiste a ciertas personas para agrandar los problemas. El centro del asunto está en ¿Cómo manejar un malentendido? No podemos permitir que robe nuestra paz; tampoco que no hagamos el más mínimo esfuerzo para resolver la situación. En tales circunstancias el único que nos puede ayudar en nuestro amado Señor y Dios. Recuerde siempre que Él es quien pelea nuestras batallas.

© Fernando Alexis Jiménez 


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